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El último de mis días

 ¿Cómo será el último de mis días?, ¿y en qué estación habrá de parar el tren?, ¿será acaso en primavera?, yo creo me despediré de ustedes en una noche de lluvia, silencioso, con la frente cargada de surcos y las manos floreciendo. Todas las cosas que hice dignamente descansarán en algunas hojas y entre los árboles, el viento las llevará de un lugar a otro como polen y semilla; pero todas las cosas que hice sin dignidad, aquellas estarán sordas y borrachas en los subterráneos de grandes ciudades, amarradas a la cama de habitaciones que nunca fueron mías, arrastrándose bajo las veredas. 

¿Cómo será el último de mis días?, ¿habrá llanto y luego del llanto renacimiento? La voz se apagará eterna, los ojos se cerrarán perpetuos, pero el verso y la mirada… ¡ellos vivirán para siempre! Mientras mi cuerpo se vea reducido a abono o a ceniza, mientras mi sombra se marcha a la casa de las sombras ausentes, vuestro mundo seguirá siendo y sus hombres y sus mujeres y sus artefactos seguirán siendo; todos los días y todas las noches hasta que la lumbrera mayor los devore por completo. 

Sobre todas las cosas está el polvo extendiendo su gobierno. Y todas las cosas tienden a corromperse, a nacer y a morir, a ser y a no ser.  Pero cuando yo me vaya al otro reino, estas piedras que nada dijeron y que nunca su secreto contaron, ellas seguirán recostadas a la orilla del río y despuntado en el campo, continuaran refrescándose el rostro y contemplando las constelaciones por los siglos de los siglos, amén.

¿Cómo será el último de mis días? Justo en aquel postrero aliento, romperán en llanto nuevos niños en los hospitales públicos, emprenderán su primer vuelo algunos pájaros desde los acantilados, un muchacho defraudado se convertirá en poeta y una última lluvia despedirá las noches de agosto. 


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