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Imperdonable

El hombre despertó tendido su cuerpo sobre la mesa. Bajo la carga de unos párpados pesados, su mirada discurría lentamente desde una esquina a la otra. La mesa cojeaba y su cabeza parecía pender de un hilo. Un vaso de wiski casi vacío, un sobre abierto y una hoja partida en decenas de pequeños fragmentos (un beso marcado, ahora eran varios besos), no había nada más sobre la mesa. La casa estaba cerrada por dentro, las llaves las tenía como de costumbre en el bolsillo más pequeño del pantalón, pero un silbido delataba al viento. El hombre se incorporó torpemente, en su habitación la luz apagada, un vestido viejo en el suelo (que recordaba más a su nombre que a su figura) y la ventana rota. Una línea de sangre marcaba en el suelo un trayecto obligatorio y fragancia a desesperación cubría la noche. Habían pasado veinte años y varios golpes. Setenta veces siete promesas.

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Experimentaciones y Símbolos # 10

 

La Chimenea

La chimenea debía de permanecer encendida. Fuera de la casa llovía de forma intensa y con aquella misma emoción de la naturaleza, el hombre pretendía mantener encendida la llama. Contraponiéndose a la dinámica fluida del entorno externo, el hombre centraba todos sus humanos esfuerzos en que el fuego no se apagara. La casa disponía de leña suficiente para un par de meses, el invierno estaba llegando con pasos contundentes y era en sumo necesario conservar la temperatura interna. Y allí, solamente allí en ese escaso punto del espacio, está este hombre; silente, taciturno, sin prestar atención a otro asunto más que cada una hora avivar el fuego.     Ya habían pasado un par de semanas y el fuego casi incrustado en la pared interna de la chimenea debía de permanecer encendido. Día y noche, no importaba lo que sucediera fuera de la casa, podría estar derrumbándose el mundo, pero el fuego debía permanecer vivo, la llama imperecedera. No existía otro motivo, ningún propósito mayor que...

El último de mis días

 ¿Cómo será el último de mis días?, ¿y en qué estación habrá de parar el tren?, ¿será acaso en primavera?, yo creo me despediré de ustedes en una noche de lluvia, silencioso, con la frente cargada de surcos y las manos floreciendo. Todas las cosas que hice dignamente descansarán en algunas hojas y entre los árboles, el viento las llevará de un lugar a otro como polen y semilla; pero todas las cosas que hice sin dignidad, aquellas estarán sordas y borrachas en los subterráneos de grandes ciudades, amarradas a la cama de habitaciones que nunca fueron mías, arrastrándose bajo las veredas.  ¿Cómo será el último de mis días?, ¿habrá llanto y luego del llanto renacimiento? La voz se apagará eterna, los ojos se cerrarán perpetuos, pero el verso y la mirada… ¡ellos vivirán para siempre! Mientras mi cuerpo se vea reducido a abono o a ceniza, mientras mi sombra se marcha a la casa de las sombras ausentes, vuestro mundo seguirá siendo y sus hombres y sus mujeres y sus artefactos seguirán...